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Ser pintores de luz

Por ‎@MarioAlonsoPuig‎
miércoles, 23 septiembre 2020

¿Cómo afrontar Lo Normal – o la nueva normalidad- después de meses encerrados?

El primer bloque del estudio #ReConecta pone sobre la mesa esta pregunta. Para responderla, se une a nuestro proyecto el Doctor Mario Alonso Puig, @MarioAlonsoPuig, que invita a desplegar el potencial humano en momentos desafiantes como este. 

 

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A continuación, en su texto, Puig propone ser “pintores de luz” para darle la vuelta a esta situación y ver la oportunidad que supone este momento vital para que las marcas puedan dar lo mejor de sí mismas.

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Los seres humanos hemos sido capaces de adaptarnos a los entornos más diversos que hay en nuestro planeta, desde las junglas tropicales hasta los calurosos desiertos, pasando, cómo no, por las tundras árticas con temperaturas de 70º bajo cero. Pensar que dicha adaptación ha sido rápida y fácil, sería faltar a la verdad e intentar edulcorar un camino que ha estado lleno de obstáculos y sinsabores. En este camino muchos no sólo se dejaron la piel, sino también la vida.

Todos tenemos miedo cuando entramos en un nuevo territorio, sencillamente porque no sabemos lo que nos vamos a encontrar. Dejar un entorno conocido y familiar no es nada fácil y, por eso, hace falta valor, mucho valor. Sin embargo hay situaciones en la vida en la que una serie de cambios profundos e inesperados hacen que no tengamos más remedio que lanzarnos a explorar esa nueva realidad que no sabemos lo que nos puede deparar. Hoy estamos precisamente en esa situación y hemos de decidir cuál va a ser nuestra disposición a la hora de relacionarnos con este mundo marcado por la incertidumbre. Una disposición que va a ser clave para que podamos no sólo adaptarnos a los cambios, sino también mejorar y evolucionar como especie, es nuestra oportunidad de dejar atrás algunos de esos fantasmas del pasado que, tal vez ahora, vemos con una cierta nostalgia y que, sin embargo, no añadían ningún valor a nuestra vida, porque lejos de ser agentes de construcción eran agentes de destrucción. Me refiero a que no venimos de un mundo perfecto, sino de un mundo con grandes conflictos interpersonales y políticos, y en el que una gran parte de la población tenía una marcada dependencia a medicamentos ansiolíticos y antidepresivos. Tampoco podemos olvidar los síntomas y signos de un planeta en franca agonía.

Es en estos momentos de duda e incertidumbre cuando más necesitamos encontrar unos pilares sólidos desde los cuales empezar a construir una nueva sociedad. Preocuparse es algo que se queda revoloteando en el intelecto, mientras que ocuparse implica necesariamente acción. No se trata de un simple querer, sino de un querer hacer y es en eso, donde está la gran diferencia.

Siempre es más fácil en situaciones como la actual dejarse llevar por la corriente de pesimismo. Siempre es más fácil caer en la queja y en el lamento que ponerse manos a la obra. Siempre es más fácil encontrar culpables que soluciones y es, también, más fácil crear adversarios que aliados. Sin embargo, esta actitud ante los desafíos, por lógica que les parezca a algunos, sólo conduce a la ruina física y moral de un pueblo. No sólo los virus se contagian, también el pesimismo se contagia a niveles difíciles de imaginar. La generación del 98, si bien dio figuras de extraordinario alcance como Miguel de Unamuno, Pio Baroja o Regina de Lamo, era una generación que transmitía la tristeza por la tierra perdida, esa maravillosa isla de Cuba que habíamos perdido en la guerra contra Estados Unidos. Un pintor valenciano, Joaquín Sorolla, apodado “el pintor de la luz”, regaló a esa sociedad española triste y sin esperanza, unos cuadros llenos de vida. Sorolla fue duramente criticado por algunos de los miembros de la generación del 98 por su aparente insensibilidad ante esa tristeza que invadía España. Sin embargo, Sorolla sabía que de la tristeza no se sale con más tristeza, sino poniendo un poco de ilusión. Por eso, él lejos de convertirse en parte del problema, se convirtió en parte de la solución. 

Es el momento de no dejar caer el ánimo y afianzarnos en la idea de que lo mejor todavía está por llegar, aun reconociendo que posiblemente tengamos que hacer frente a dosis importantes de miedo y de dolor.

Si el miedo se apodera de nuestras vidas, no levantaremos cabeza. Es necesario recuperar la ilusión, la determinación, la serenidad, la confianza y la perseverancia. Son estas virtudes las que nos van a permitir atravesar nuestro miedo y nuestro dolor, y transformarlos en crecimiento y reinvención. Nos ha tocado la época que nos ha tocado vivir y hemos de estar fuertes física, mental y espiritualmente para poner en juego nuestra mejor versión y darle la vuelta a esta situación. 

La neurociencia en este sentido no deja dudas, vivir atrapados por el miedo, la frustración y la desesperanza, produce daño físico en todos los órganos del cuerpo, incluyendo el cerebro. Es precisamente en esas áreas del cerebro dedicadas a facilitarnos la adaptación donde se produce el mayor de los daños. Para muchas personas, aquellos otros seres humanos que aborden esta nueva situación en la que nos encontramos con ilusión, determinación, serenidad, confianza y perseverancia, serán simplemente unos locos. Sin embargo, tal vez sea el momento de recordar a todas esas personas a lo largo de nuestra historia que fueron consideradas locas y que, sin embargo, fueron las que rompieron los límites y abrieron al resto de los seres humanos un nuevo mundo de posibilidades. ¿Por qué no decidir aquí y ahora ser también una de ellas?

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